¡ABRIR EL JUEGO!!!
No podemos dejar de reflexionar acerca de la importancia del juego, y sobre todo, del juego compartido.
Es en la infancia cuando el juego despliega opciones de creatividad, aprendizaje y socialización. Despierta entusiasmo y curiosidad, promueve el desarrollo de habilidades que luego se recuperan en el aprendizaje escolar, ayuda a gestionar encuentros y desencuentros, a organizar en conjunto, a ensayar roles, a poner en gestos y palabras nuestras fantasías, deseos y temores.
De la misma manera que el juego “entre personas reales” tiene efectos positivos sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro, los juegos electrónicos y el uso abusivo de las pantallas no suman buenos indicadores. Se los asocia con la incidencia cada vez mayor de los trastornos por déficit de atención con hiperactividad (concepto bastante confuso) y con una disminución en la capacidad de empatía, dado que esta aptitud indispensable para el encuentro con el otro requiere de tiempos de respuesta mayores que la inmediatez que promueve lo virtual.
En cuanto al “objeto-juguete” son los más sencillos los que mejor cuadran a la imaginación. Winnicott se desmarca del enfoque freudiano acerca de la creatividad, enfocada en obras de gran resonancia artística o intelectual para describirla como una cualidad posible de experimentarse en las actitudes cotidianas de cada uno/a. La espontaneidad puesta en acto permite articular y re-descubrir formas nuevas y enriquecidas tanto subjetivas como vinculares. Es en la creatividad donde se sustenta el verdadero Self en contrapartida al falso Self.
Jugar para conocer y conocernos…un llamado a la reflexión a las modalidades educativas actuales, donde el juego es para la “hora del recreo” y el aprendizaje aguarda en la formalidad de las aulas, donde, al decir de Francoise Dolto, padecemos una escuela digestiva donde el docente espera que repitamos, cuanto más textual mejor, lo que nos transmitió.
Psic. Beatriz Salto